Manuel Recio Abad. SUITE INFORMACION.- Lo absurdo y lo lógico son conceptos encontrados, opuestos, pero hay políticos que se sitúan en un continuo escorzo intentando defender una cosa y la contraria, intentando convencer a su manada de votantes que lo blanco y lo negro son lo mismo. Eso si, a la hora de tildar ideológicamente a sus adversarios utilizan potentes adjetivos que intentan zaherir y devaluar sin tener conmiseración ni respeto alguno hacia el prójimo.
En México el batallón de políticos afectados con el trauma infantil que les ha provocado la factoría Disney, se han propuesto acabar con los espectáculos taurinos, la fiesta de los toros y hasta la mismísima tauromaquia. Son los mismos que nos exigen a los españoles que pidamos perdón por haber fundado en Mexico más de 30 universidades, 1.196 hospitales, haberles dado una lengua y una cultura europea y ahora tratan de legislar de forma abusiva, imponiendo lo que han denominado la “corrida de toros sin sangre”. Algo así como poner una inyección sin aguja hipodérmica, anestesiar sin anestesia o incinerar sin calor.
La estupidez humana se ha desbocado, campea sin límites, a pelo y sin continencia alguna. El nivel de la clase política se encuentra bajo mínimos: sólo se mueren los tontos, título de una famosa novela de Alvaro de la Iglesia, y parece ser que solo se dedican a la política aquellos que no sirven para ganarse la vida de otra manera más digna, eficaz, rentable y positiva. Andan enfrascados entre ellos en unas batallas tan estériles como absurdas. Todo ello por acumular poder y votos sea como sea.
La tauromaquia tradicional es mucho más que un simple espectáculo; es una manifestación cultural rica en historia, arte y pasión. Sin embargo, en tiempos recientes, ha surgido la propuesta de realizar corridas de toros «sin sangre», una idea que roza lo absurdo y pone en peligro los fundamentos de una venerable tradición. La corrida de toros es una danza entre el hombre y la bestia, donde cada movimiento del torero refleja no solo su valentía, sino también su profunda conexión con el animal. ¿Acaso se puede hablar de un baile sin música? Lo mismo ocurre aquí: eliminar la esencia del enfrentamiento es como intentar hacer una corrida sin toros. ¡Es mejor quedarse en casa viendo un documental!
Los toros de lidia son criados específicamente para este propósito, disfrutando de una vida que otros muchos animales no tienen. Se les proporciona espacio natural , alimento y todo tipo de cuidados veterinarios adecuados. Proponer lidiar a un toro sin sangre es como querer hacer una película de acción sin escenas emocionantes: simplemente no tiene sentido.
Las corridas han sido parte de nuestra cultura durante siglos, conectando generaciones a través del arte y la historia. Pretender cambiarlo todo por modas pasajeras o traumas infantiles tendentes a la personificación, acción que consiste en atribuir propiedades humanas a un animal, sería como intentar cambiar el flamenco por un baile moderno sin raíces. Bailaor que no respeta sus tradiciones se queda sin pasos.
La tauromaquia sostiene a muchas familias y comunidades. Desde los propios ganaderos hasta los artesanos que producen capotes, , estoques, trajes…cada parte de este ecosistema se vería afectada si se eliminara la esencia del toreo. ¿Realmente queremos arruinar el sustento de tantos por una idea tan poco práctica?.
Es fundamental recordar que el diálogo constructivo es clave en cualquier discusión. Ridiculizar a quienes proponen alternativas absurdas puede ser tentador, pero deberíamos hacerlo con humor e ingenio, recordando siempre que cada uno tiene derecho a expresar su opinión, aunque no siempre tenga razón.
En conclusión, defender la tauromaquia tradicional no significa ignorar las preocupaciones sobre el bienestar animal, sino encontrar un equilibrio que respete nuestras raíces culturales mientras se actúa con responsabilidad. La corrida de toros es un compendio de arte que merece ser preservado en toda su expresión.
Eliminar los dos primeros tercios, suerte de varas, cuyo objetivo es disminuir la fuerza del toro para así atemperar, moderar su embestida ;la acción de los banderilleros , llamado tercio de banderillas , que tiene como objetivo recuperar o avivar al toro, aplomado en la suerte de varas y por último el tercio de muleta, de quince minutos de duración y que acaba con la muerte a estoque del toro, transformaría el evento en algo completamente diferente, que haría perder su atractivo para los aficionados. Muchos podrían argumentar que ya no sería una corrida de toros, sino una especie de exhibición o espectáculo sin el componente dramático que caracteriza a la tauromaquia.
Los auténticos aficionados a la tauromaquia se sentirían traicionados por esta modificación, lo que podría llevar a una disminución del interés y la asistencia a las plazas. Esto podría afectar económicamente a empresarios, ganaderos, toreros y todos los involucrados en esta tradición.
La tauromaquia es una parte importante de la cultura en muchas regiones de México. Cambiar las reglas del juego podría provocar un debate intenso sobre la identidad cultural y lo que representa la tauromaquia para diferentes comunidades.
Sin las limitaciones impuestas por las prácticas tradicionales, el potencial de accidentes aumentaría considerablemente. Los toreros estarían frente a un animal que no ha sido «domesticado» en el contexto de la lidia, lo que podría llevar a encuentros mucho más violentos e impredecibles.
El riesgo inherente a la lidia es también parte del atractivo para muchos toreros. Si se eliminan las prácticas tradicionales, esto podría cambiar la dinámica emocional del evento, afectando tanto a los matadores como a los espectadores y la seguridad de todos los involucrados debe ser una preocupación primordial. Las corridas sin las prácticas tradicionales requerirían nuevas medidas de seguridad y protocolos que podrían resultar difíciles de implementar efectivamente y se desvirtuaría la esencia del toreo, presentando riesgos considerables para la seguridad de los profesionales involucrados. La lidia tal como se conoce hoy en día está diseñada con un equilibrio entre el arte y el riesgo, y cambiar ese equilibrio podría tener consecuencias muy serias.